préstamo o donaciónHoy vamos a tratar un tema que se presenta con bastante frecuencia y es el que se refiere a  la entrega de una cantidad de dinero entre los miembros de una pareja y la consiguiente duda que se plantea respecto a su consideración jurídica como préstamo o donación . Veamos un caso.

Audiencia Provincial de Toledo. Sentencia de 05-11-2014.

Alberto y Sacramento mantienen una relación sentimental. Al término de la misma, Alberto le reclama judicialmente a Sacramento unas cantidades de dinero que dice que le había prestado para la compra del mobiliario de la cocina de su casa (3.120 euros) y para que pagase una deuda que mantenía con unos grandes almacenes (2.500 euros).

Sacramento se opone a la pretensión por considerar que, en el primer caso, se trataba de un regalo de Alberto y, en lo que se refiere a la deuda con unos grandes almacenes, ella mantiene que el dinero le fue prestado por una antigua pareja suya.

El Juzgado de Primera Instancia de Illescas desestima la demanda presentada por Alberto y éste último, no estando conforme, recurre en apelación ante la Audiencia Provincial de Toledo. (AP).

La Sala considera que las relaciones de las “parejas de hecho” no comportan el nacimiento automático de una comunidad de bienes ya que cada uno de sus miembros conserva su total independencia frente al otro, no contrayendo entre ellos las obligaciones personales y patrimoniales que nacen del matrimonio. Serán los convivientes interesados quienes deberán de pactar expresamente éste régimen económico o ponerlo en práctica de forma clara mediante la aportación continuada y duradera de su trabajo y de sus ganancias al acervo. Quien alegue la existencia de pactos expresos o tácitos reguladores de un régimen económico de la pareja, habrá de probarlo.

La AP nos recuerda que tanto en el contrato de préstamo como el de donación una de las partes entrega a la otra dinero u otra cosa, con la condición de devolverla en el caso del préstamo y gratuitamente en el caso de la donación pura.

Según reiterada jurisprudencia del Tribunal Supremo el “animus donandi” (intención de realizar una donación) no se presume, siendo necesario probar cumplidamente por quien lo alega el carácter gratuito del negocio de que se trate, debiendo asumir en caso contrario las consecuencias perjudiciales de la falta de prueba de la intención de donar.

Cuando se duda sobre la intención de las partes en un contrato ha de considerarse que la duda deberá de resolverse a favor de la menor transmisión de derechos e intereses, esto es, en éste caso, a favor de su calificación como un contrato de préstamo.

Aplicando esta doctrina al caso enjuiciado, entiende la AP que, en lo que se refiere a la cantidad entregada por Alberto para la compra de los muebles de cocina, no podemos considerar que estemos ante un supuesto de mera liberalidad sino ante un préstamo que obliga a Sacramento a devolver la cantidad de 3.120 euros que ha percibido, más los intereses de esta suma desde la demanda.

En lo que se refiere a la cantidad dedicada al pago de la deuda con unos grandes almacenes, dos son los motivos que levan a la AP a rechazar su consideración como un préstamo de Alberto: por una parte, la existencia de una declaración jurada de una ex pareja de Sacramento que manifiesta haberle prestado ese dinero y, por otra , la no constancia de ese movimiento de dinero en las cuentas bancarias de Alberto.

Recordad, el carácter gratuito de una entrega de dinero, incluso en el seno de una pareja, no se presume. Si existe esta voluntad de donar hay que dejarla bien definida y, si es posible, incluso por escrito, así evitaremos que en el futuro nos presenten una reclamación de la cantidad percibida, que podrá ser considerada como un préstamo, con la consiguiente obligación de devolverla.

Luis Landa Canosa

 @luislanda